Spanische Weisheiten 1


A amante que no es osado, dale de lado.

A amo ruin, mozo mals?n.

A amor mal correspondido, ausencia y olvido.

A amor y fortuna, resistencia ninguna.

A a?o tuerto, labrar un huerto.

A ?rbol ca?do, todo son piedras.

A ayer, lo conoc?; pero a ma?ana nunca lo vi.

A barba moza, verg?enza poca.

A barbas honradas, honras colmadas.

A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo m?o bebo.

A bestia loca, recuerdo modorro.

A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.

A bien te salgan, hija, estos arremangos.

A bloque, la casa en roque.

A bobos y a locos, no los tengas en poco.

A bocado harón, vino por espolón.

A bodas y a niño bautizado, no vayas sin ser llamado.

A borracho fino, primero agua y luego vino.

A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.

A borrico desconocido, no le toques la oreja.

A buen amo, mejor criado.

A buen andar o mal andar, comer y guardar.

A buen año y malo, molinero y hortelano.

A buen capellán, mejor sacristán.

A buen comedor, quitárselo de delante.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

A buen gato, buen rato.

A buen hambre no hay pan duro.

A buen señor, buena demanda.

A buen sueño no hay cama dura.

A buena barbechera, mejor sementera.

A buena confesión, mala penitencia.

A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.

A buena fiesta, mala nueva.

A buena hora pidió el rey gachas.

A buena suela, mala pieza.

A buenas ganas, huelgan las salsas.

A buenas horas mangas verdes.

A buenos ocios malos negocios.

A buey viejo no le cates majada, que él se la cata.

A buey viejo no se le saca paso.

A buey viejo pasto tierno.

A buey viejo, cencerro nuevo.

A burra nueva, cincha amarilla.

A burra vieja, albarda nueva.

A burro desconocido, no le toques la oreja.

A burro negro no le busques pelo blanco.

A burro viejo, poco verde.

A caballero nuevo, caballo viejo.

A caballo ajeno, espuelas propias.

A caballo brioso toca: o frenarlo o se desboca.

A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.

A caballo corredor, cabestro corto.

A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.

A caballo de presente, no se le repara el diente.

A caballo grande, grandes espuelas.

A caballo nuevo jinete viejo.

A caballo que se empaca, darle estaca.

A caballo que vuela, ¿para qué la espuela?.

A caballo regalado no se le mira el diente.

A cabellos enredados, piojos por descontado.

A cada cabeza su seso.

A cada cajón, su aldabón.

A cada cañada le llega su añada.

A cada cerdo le llega su San Martín.

A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.

A cada ermita le llega su fiestecita.

A cada guaraguao le llega su pitirre.

A cada pajarillo le gusta su nidillo.

A cada pajarillo parécele bien su nido.

A cada paje, su ropaje.

A cada parte hay tres leguas de mal camino.

A cada paso, un gazapo.

A cada pez le llega su vez.

A cada puerco le llega su San Martín.

A cada puerta, su dueña.

A cada renacuajo dio Dios su cuajo.

A cada santo le llega su día de fiesta.

A callarse ranas, que va a predicar el sapo.

A cama chica, echarse en medio.

A can que lame ceniza, no le debes confiar la harina.

A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.

A canto de sirenas oídos de pescadores.

A capa vieja no le dan oreja.

A carne de lobo diente de perro.

A carne de lobo, hambre de can.

A carne dura, diente de perro.

A carne mala, buena salsa.

A carnero castrado no le tientes el rabo.

A casa de tu hermana, una vez a la semana.

A casa de tu hermano no irás cada verano.

A casa de tu tía, más no cada día.

A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.

A casa del cura, ni por lumbre vas segura.

A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.

A casa vieja, portada nueva.

A catarro gallego, tajada de vino.

A cautela, cautela y media.

A cazuela chica, cucharadica.

A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.

A cena de vino, desayuno de agua.

A clérigo hecho fraile, no le fíes tu comadre.

A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.

A como come el mulo, caga el culo.

A consejo ido, consejo venido.

A consejo ruin, campana de madera.

A cordero extraño no agasajes en tu rebaño.

A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.

A cualquiera se le muere un tío.

A cuenta de los gitanos, roban muchos castellanos.

A cuenta del tío rico trabajaba Perico A dineros pagados, brazos quebrados.

A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.

A Dios rogando y con el mazo dando.

A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.

A Dios, llamaron tú.

A Dios, lo mejor.

A Dios, nada se le oculta.

A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.

A donde las dan, allí las toman.

A donde se cree que hay chorizos, no hay clavos donde colgarlos.

A donde te duele, ahí te daré.

A dónde vas a ir que más valgas.

A donde vas bien A donde más se tiene.

A dos días buenos, cientos de duelos.

A embestida de hombre fiero, pies, para que os quiero! A enemigo que huye, puente de plata.

A enfermedad ignorada, pocas medicinas y a estudiarla.

A escote nada es caro.

A ese precio, no habría ya vara en la tienda.

A espalda vuelta, no hay respuesta.

A fácil perdón, frecuente ladrón.

A falta de caballos, troten los asnos.

A falta de corazón, buenas las piernas son.

A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.

A falta de gallina, bueno es caldo de habas.

A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.

A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde.

A falta de manos, buenos son pies.

A falta de olla, pan y cebolla.

A falta de pan, buenas son tortas.

A falta de trigo, venga centeno.

A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.

A falta vieja, vergüenza nueva.

A feria vayas que más valgas.

A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.

A fin de año, remienda tu paño.

A flores nuevas, afeite perdido.

A fortuna adversa no hay casa enhiesta.

A fuego y a boda va la aldea toda.

A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.

A fuerza de duros caen los más fuertes muros.

A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.

A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.

A fullerías, cordobesías.

A fullero viejo, flores nuevas.

A galgo mojado, liebre enjuta.

A galgo viejo echadle liebre y no conejo.

A gallego pedidor, castellano tenedor.

A gata vieja, rata nueva.

A gato escaldado una vez nomás lo atrapan.

A golpe dado no hay quite.

A golpe de mar , pecho sereno.

A gordo mendigo pocos dan zatico.

A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.

A gran arroyo, pasar postrero.

A gran calva, gran pedrada.

A gran pecado, gran misericordia.

A gran solicitud, gran ingratitud.

A gran subida, gran caída.

A grandes cautelas, otras mayores.

A grandes males, grandes remedios.

A gusto de los cocineros, comen los frailes.

A heredad vieja, heredero nuevo.

A hija casada, los yernos a la puerta.

A hijo malo, pan y palo.

A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.

A hombre de dos caras, rayo que lo parta.

A hombre desgarbado, dale de lado.

A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.

A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.

A honra demasiada, interés hay encubierto.

A hora mala no ladran canes.

A hortelano tonto, patatas gordas A invierno lluvioso, verano abundoso.

A 'iros de mi casa' y '¿qué queréis con mi mujer?', no hay que responder.

A la aguja buen hilo, y a la mujer buen marido.

A la ballena todo le cabe y nada la llena.

A la bestia cargada el sobornal la mata.

A la boda del herrero, cada cual con su hierro.

A la borrica arrodillada, doblarle la carga.

A la bota, darle el beso después del queso.

A la buena casada, sólo su marido le agrada.

A la buena mujer, poco freno le basta.

A la cabeza, el comer la endereza.

A la cama no te irás sin saber una cosa más.

A la cara más fea, la alegría la hermosea.

A la chita callando, hay quien se va aprovechando.

A la col, tocino, y al tocino, vino.

A la corta o a la larga cae el burro con la carga.

A la corta o a la larga el galgo a su liebre mata.

A la cuarta, ni los bueyes.

A la culpa, sigue la disculpa.

A la dama hermosa, por el pico le entra la rosa.

A la fuerza ahorcan.

A la fuerza, ni los bueyes.

A la galga y a la mujer, no le des la carne a ver.

A la gallina apriétale el puño y apretarte bien el culo.

A la gallina y a la mujer le sobran nidos donde poner.

A la guerra, con la guerra.

A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.

A la hija mala, dineros y a casarla.

A la hija muda, su madre la entiende.

A la hija traviesa, con azotes se endereza.

A la justicia y a la inquisición chitón.

A la larga el galgo a la liebre mata.

A la larga todo se sabe.

A la larga, lo más dulce amarga.

A la leche nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡Déjate caer, valiente!.

A la lengua y a la serpiente hay que temerles.

A la lumbre y al fraile no hurgarle.

A la luz de la tea, no hay mujer fea.

A la mala costumbre, quebrarle la pierna.

A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.

A la Mancha, manchego, que hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite y mucho tocino.

A la mar madera, y huesos a la tierra.

A la mesa me senté, y aunque no comí, escoté.

A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.

A la mona que te trae el plato no le mires el rabo.

A la moza ser buena, y al mozo el oficio, no les puede dar mayor Beneficio.

A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.

A la moza y al fraile, que no les de el aire.

A la muerte no hay cosechador que la coseche.

A la muerte no hay que temerle ni buscarla, únicamente esperarla.

A la muerte pelada no hay puerta cerrada.

A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.

A la mujer barbuda o muy velluda, el diablo la sacuda.

A la mujer barbuda, de lejos se la saluda.

A la mujer bella y honesta, casarse poco le cuesta.

A la mujer brava, la soga larga.

A la mujer casada, nunca le falta novio.

A la mujer casta, Dios le basta.

A la mujer del carnicero le medra la carne en la mano.

A la mujer dile tu amor una vez, que el diablo se lo dirá diez.

A la mujer fea, el oro la hermosea.

A la mujer hay que tenerla bien comida, bien amada y bien vestida.

A la mujer honrada su propia estima le basta.

A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.

A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.

A la mujer pedigüeña ponla donde habita la cigüeña.

A la mujer pedigüeña, la persigue la cigüeña.

A la mujer ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena.

A la mujer y a la cabra, soga larga. Pero sin perderla de vista.

A la mujer y a la guitarra hay que templarla para usarla.

A la mujer y a la lechuga, por la cintura.

A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.

A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.

A la necesidad no hay ley.

A la oveja mansa, cada cordero la mama.

A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.

A la que a su marido encornuda, Señor y tú la ayuda.

A la que bien baila, con poco son le basta.

A la que fue flor, algo le queda de olor.

A la que tenga más de treinta, no la pretendas.

A la que uno no contenta, no bastan dos ni cincuenta.

A la ramera y a la lechuga, una temporada les dura.

A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.

A la res vieja, alíviale la reja.

A la ruín oveja la lana le pesa, y al ruín pastor el cayado y el zurrón.

A la sierra tocino y al serrador vino.

A la sierra, ni dueña ni cigüeña.

A la sombra de los buenos viven los malos sin freno.

A la sombra del nogal no te pongas a recostar.

A la tercera va la vencida.

A la tierra que fueres haz lo que vieres.

A la una, que bien que mal, en cada casa comido han.

A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.

A la vaca, hasta la cola le es abrigada.

A la vejez aladares de pez.

A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.

A la vejez, cuernos de pez.

A la vejez, viruelas.

A la viuda y al abad, el diablo les amasa el pan.

A la vulpeja dormida, no le cae nada en la boca.

A la zorra, candilazo.

A largos días, largos trabajos.

A las andadas volví, pronto me arrepentí.

A las barbas con dinero, honra hacen los caballeros.

A las cosas menudas, el alguacil acuda y a las cosas grandes, el señor alcalde.

A las diez deja la calle para quien es.

A las diez deja la casa do estés. Si en la tuya estás, te acostarás.

A las diez, en la cama estés; mejor antes que después.

A las obras me remito.

A las putas y a los barberos, a la vejez los espero.

A las romerías y a las bodas van las locas todas.

A lo bueno, pronto me hago yo; a lo malo, no.

A lo hecho, pecho.

A lo más oscuro, amanece Dios.

A lo que el Rey manda y Dios ofrece, hay que hacerse.

A lo que has de negarte, niégate cuanto antes.

A lo que manda Dios, oreja de liebre.

A lo que no puedas, no te atrevas.

A lo que no puede ser, paciencia.

A lo que no te agrada, haz que no oyes nada.

A lo que no tiene remedio, litro y medio.

A lo que puedas solo no esperes a otro.

A los burros palos, y a la mujer regalos.

A los cincuenta, el mal del mes ya no lo ves.

A los enemigos bárreles el camino.

A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.

A los galgos del rey no se les escapa liebre alguna.

A los hombres, querellos; pero que no lo sepan ellos.

A los quince el que quise, a los veinte el que quiso mi gente y a los treinta el que se presenta.

A los tontos y a los porfiados, la mejor bofetada es dejarlos.

A los treinta doncellez, muy rara vez.

A los tuyos, con razón o sin ella.

A luz de la candela, toda música parece bella.

A maestro de espada, aprendiz de pistola.

A mal abad, peor sacristán.

A mal amo, mal criado.

A mal comer o bien comer, tres veces beber.

A mal Cristo, mucha sangre.

A mal dar, apretar el culo contra el sitial.

A mal dar, tabaquear.

A mal hablador, discreto oidor.

A mal mortal no hay hierba que val.

A mal rey, mala grey.

A mal sarmiento, buena podadera.

A mal tiempo, buena cara.

A mala cabeza, buenas son piernas.

A mala cama, colchón de vino.

A mala cuenta, no hay providencia buena.

A mala leña un buen brazado.

A mala lluvia, buen paraguas.

A mala suerte, envidia fuerte.

A mala venta, mala cuenta.

A malas piernas, buenas muletas.

A malos ratos, buenos tragos.

A manchas de corazón no basta ningún jabón.

A manos de traidores perecen los buenos servidores.

A manos frías, corazón ardiente.

A mantel puesto, tendrás amigos ciento; no de tu trato sino de tu plato.

A marido ausente, amigo presente.

A más amor, más pudor.

A más años más pecados.

A más beber, menos comer.

A más doctores, más dolores.

A más no poder, acuéstome con mi mujer.

A más oro, menos reposo.

A más vivir, más sufrir.

A médico, confesor y letrado, hablarle claro.

A medida del santo son las cortinas.

A mengua de carne, buenos son pollos con tocino.

A mi amigo quiero, por lo que de él espero.

A mi casa lleve un amigo, el se quedó de amo y yo despedido.

A mi los tiburones me enseñan los dientes.

A mí me llaman el tonto, el tonto de mi lugar, todos comen trabajando, yo como sin trabajar.

A mi mujer bermeja, por el pico le entra, que no por la oreja.

A mi padre llaman hogaza y yo me muero de hambre.

A mi prójimo quiero, pero a mí el primero.

A mí todos me hallan, pero yo no hallo a nadie.

A misa temprano nunca va el amo.

A mocedad ociosa, vejez trabajosa.

A mucho hablar, mucho errar.

A mucho hablar, poco acertar.

A muerto marido, amigo venido.

A muertos y a idos, pocos amigos.

A mujer casada y casta, con el marido le basta.

A mula que otro amansa, algún resabio le queda.

A mula vieja, alíviale la reja.

A muy porfiado pedir, no hay que resistir.

A nadie hace daño el vino, si se bebe con tino.

A nadie has de decir cuánto tienes, dónde lo tienes, ni adónde piensas ir.

A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.

A nadie le amarga un dulce.

A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.

A nave rota, todo tiempo es contrario.

A ningún cojo se le olvidan las muletas.

A ninguno le huele su mierda sino la ajena.

A no poder, en balde es querer.

A nuevos hechos, nuevos consejos.

A nuevos tiempos, nuevos usos.

A olla que hierve ninguna mosca se atreve.

A otra puerta, que ésta no se abre.

A otro perro con ese hueso.

A otro perro más "hambriao", con ese hueso "pelao".

A otro viento, otro tiento.

A padre generoso, hijo desperdiciado.

A padre guardador, hijo gastador.

A pájaro muerto, jaula abierta.

A palabras necias oídos sordos.

A palabras vanas, ruido de campanas.

A pan ajeno, navaja propia.

A pan de quince días, hambre de tres semanas.

A pan duro, diente agudo.

A pan y cebolleta no es menester trompeta.

A perdiz por barba y caiga quien caiga.

A perro flaco todo se le vuelven pulgas.

A perro que no conozcas, nunca le espantes las moscas.

A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.

A perro viejo, no hay tus tus.

A persona lisonjera, ni oírla siquiera.

A piloto diestro, no hay mar siniestro.

A pobreza, no hay vergüenza.

A poca oferta, buena demanda.

A poco caudal, poca ganancia.

A poco pan, coger primero.

A presurosa demanda, espaciosa respuesta.

A primeros de noviembre, tu fuego enciende.

A pueblo muerto, alcalde tuerto.

A qué buscar pan de trastrigo, siendo tan bueno el de trigo.

A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.

A quien ajos come y vino bebe, la víbora no le muerde.

A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.

A quien bien cree, Dios le provee.

A quien bien te quiere, visítale poco, para que te desee.

A quien buenos cojones tiene, lo mismo le da por lo que va como por lo que viene.

A quien come muchos manjares, no le faltarán enfermedades.

A quien con Dios está, no le abandonará.

A quien cuece o amasa, de todo le pasa.

A quien da y perdona, nácele una corona.

A quien dan y no toma, dicha es que le sobra.

A quien das de yantar, no te duela dar de almorzar.

A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.

A quien debas contentar, no procures enfadar.

A quien dices tu secreto, haces tu dueño.

A quien Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos.

A quien Dios quiere bien, el viento le junta la leña.

A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones.

A quien Dios quiere para rico hasta la mujer le pare hijos de otro.

A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

A quien duerme, duérmele la hacienda.

A quien el vino no plaz, Dios le quite el pan.

A quien en su casa era un diablo, cuando se ausenta, tiénenlo por santo.

A quien espera, su bien le llega.

A quien está en su tienda, no le achacan que se halló en la contienda.

A quien feo ama, bonito le parece.

A quien ganando no guarda, media albarca; y a quien ni ganar espera, abarca entera.

A quien habló, Dios le oyó.

A quien has acallado no le hagas llorar.

A quien has de acallar, has de halagar.

A quien has de dar la cena, no le quites la merienda.

A quien hubieras vencido no lo tengas por amigo.

A quien le dan el pie, se toma la mano.

A quien le duele una muela, que la eche fuera.

A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.

A quien le pique, que se rasque.

A quien lo quiere celeste, que le cueste.

A quien madruga, Dios le ayuda.

A quien mal canta, bien le suena.

A quien mal vive, su miedo le sigue.

A quien miedo han, lo suyo le dan.

A quien mucho miente, le huye la gente.

A quien mucho tememos, muerto le queremos.

A quien mucho tiene, más le viene.

A quien nada quiere, todo le sobra.

A quien no la teme, nada le espanta.

A quien no le sobra pan, no críe can.

A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.

A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.

A quien se hace el sordo, barreno gordo.

A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.

A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.

A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.

A quien soledad quiere, todo le estorba.

A quien te da el capón, dale la pierna y el talón.

A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.

A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.

A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.

A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.

A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.

A quien tienes que dar la cena, no le quites la merienda.

A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.

A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.

A rey muerto, rey puesto.

A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.

A río crecido, sentarse en la orilla.

A río revuelto, ganancia de pescadores.

A rocín de halconero, mal le medra el pelo.

A rocín viejo, cabezada nueva.

A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.

A saya blanca, ribete negro.

A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.

A ser Papa hay que aspirar, para sacristán llegar.

A sordos y ciegos hacen testigos el dinero.

A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.

A su tiempo se cogen las uvas.

A tal puta, tal rufián.

A tal señor, tal honor.

A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.

A toda ley, boñiga de buey; y si es flaca, boñiga de vaca.

A todo cerdo le llega su San Martín.

A traidor, traidor y medio.

A tres azadonadas, sacar agua.

A tu amigo dile la mentira, si te guarda paridad, dile la verdad.

A tu casa venga quien te eche de ella.

A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.

A tu hija más lista no la pierdas de vista.

A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.

A tu marido muéstrale el culo, pero no del todo.

A tu mesa ni a la ajena, no te sientes con la vejiga llena.

A tu tierra grillo aunque sea con una pata.

A tuertas ni a ciegas, ni afirmes ni niegues.

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